Todo estaba previsto. Teníamos el Lugar; discreto para ser Torneros, “casi” fuera del alcance del enemigo. La Escusa; el cumpleaños de un camarada, que aquel año de finales de los ochenta, coincidía con Semana Santa. El Tema; acarreado por la todavía hoy utilizada “ruta del alcohol” y que consistía en una de vodka perrillero para mezclar con kiwi y el pipermín con la leche que hacían la siempre dudosa “vaca verde”.¡¡QUÉ VERDOR!! El menú lo completaba el pacharán, puesto que la cerveza se nos había olvidado. Este insignificante dato hizo que la historia pasara a la posteridad.

Como grupo organizado que éramos no faltaron voluntarios para proceder a su búsqueda. La “Operación cerveza” iba bien hasta que de regreso les entro la sed y se la chuparon, con tan mala suerte que al deshacerse de la botella, ésta que era de Terry se quedó enredada en la mano del lanzador y fue a parar contra una casa del enemigo, rompiendo una persiana. Todo había transcurrido con normalidad hasta que el enemigo se enteró del daño causado pidió refuerzos a Nogarejas. La noche se tornaba como la ferraña. En nuestro territorio la gente era ajena a todo esto. El líquido elemento corría a espuertas. La nicotina era también una sustancia habitual. Hubo quien logró combinar ambas, ingiriendo a roda y fumando más de diez cigarros a la vez. Así iba la cosa cuando llegaron los supervivientes de la “Operación cerveza” con malas noticias. Había que actuar con rapidez.

Teníamos una baja importante, un compañero estaba con la etílica cristo. Raudos y veloces una camarada y yo, herido con puntos en un dedo, nos dispusimos a acondicionar el campamento y borrar huellas. Todo empeoraba por momentos, el convaleciente echaba líquido verde por la boca; todavía hoy no nos lo explicamos. Nada podía ir peor. Si, si podía, de repente llaman a la puerta. Eran dos altos cargos del enemigo. Estábamos atrapados. Pedimos la contraseña para ganar tiempo mientras un compañero levanta de la camilla y sienta en un bolo de madera al intoxicado. Le empieza a contar no sé qué de un partido del Madrid. Este brusco gesto le remueve el estómago y hace salir pitando para vomitar a la puerta del campamento justo delante del enemigo a modo de bienvenida.

Era la única prueba implicatoria puesto que los restos de la celebración estaban a salvo. El enemigo nos insta a abandonar el campamento, lo que hacemos gustosos temiendo la magnitud de las represalias. Así que cada mochuelo a su olivo.

La operación había sido descubierta pero no finiquitada. Teníamos pendientes algunas pruebas que podrían inculparnos más, incluso a colaboradores mercenarios con los que tratamos la noche de los hechos.

Al día siguiente, a primera hora, se haría efectiva la destrucción. Un grupo reunido a tal fin tomo las pruebas restantes y las destruyó en un local público abandonado años atrás. Esta última parte de la operación no fue falta de interés y al dirigirnos a eliminarlas los refuerzos de Nogarejas hicieron un último peinado poniéndonos nerviosos. Al final no pasó nada con los de verde pero los colaboradores fueron interrogados, pero astutos como el zorro, salieron airosos del envite.

Este día pasará a la posteridad como otros, pero aquella S.Santa del 87 u 88 estará en la memoria de los que allí estuvimos. Justo el día anterior había habido otra operación (también abortada) en un solar que hoy ocupa una bonita casa, pero eso s otra historia de la llamada “Patrulla X”. (cierto es que el nombre me resultaba desconocido hasta hace bien poco, yo me confieso activista de pandillas infantiles como fueron Pitón o Cobra, pero lo importante no son los nombres sino los hechos).

Iván Teruelo